2021

Mishima, La muerte como antídoto – Extracto

La muerte como antídoto. El Acero.

Mishima interpreta la existencia desde las coordenadas de uno de sus libros de cabecera, el Hagakure. En La ética del samurái en el Japón moderno (Alianza Editorial, 2013). Nuestro autor realiza un análisis de ese clásico de la marcialidad nipona apuntando a dar respuestas a su tiempo que en buena medida es nuestro tiempo. Según su interpretación del texto clásico nuestras sociedades están desequilibradas. La vida se ha enseñoreado de la existencia humana, pero una vida, apática, superficial. Una vida de mostrarse, una vida opuesta a la virtud oculta. Una vida que ha perdido intensidad por haber desterrado el límite de la muerte. Sin este límite la existencia se halla desbocada, sin horizontes ni metas que merezcan el nombre de tales.

Mishima, en consonancia con la tradición nipona, concebía la existencia como un equilibrio entre supuestos opuestos, libertad y represión, vida y muerte. La vida se contempla mejor a la sombra de la muerte; bajo el mortal tinte lo vital se muestra luminoso, radiante. Abrazar la existencia implica abrazar tanto a la vida como a la muerte y de esta amalgama fluirá la vitalidad. La vida necesariamente debe equilibrarse con la muerte o de lo contrario la vida se expandirá informe, grotesca, desordenada.

Nuevamente, el pensamiento nipón comparte coordenadas con el pensamiento clásico occidental. Entre los griegos, padres de la filosofía de Occidente lo indeseable es la desmesura, lo sin límite, lo que llamaban hybris. La desmesura en cualquier ámbito, tanto en la humildad como en el boato, en el placer como en la guerra eran desequilibrios condenables. Desequilibrios que atraen la cólera de los dioses y por el cual las mismas divinidades pueden ser castigadas.

Occidente extraviado ya del pensamiento de sus orígenes aparta su mirada de esta condena a la desmesura y se hunde en el sinsentido de la modernidad. La modernidad liberal con su cultura de la superproducción, del hedonismo ilimitado y del consumo voraz no da lugar al equilibrio, a la mesura. Todo debe verse disparado a las mayores profundidades. Para esta mirada del disfrute sin mácula de dolor, la muerte voluntaria de Mishima pasa a ser un acto demencial. Ciegos para entender el símbolo, confunden el sacrificio con el desprecio a la vida. No disciernen el acto sacro, el rito que procura restablecer un orden, restaurar un equilibrio extraviado.

Extracto de “Mishima y la muerte como antídoto” en “Mishima Inmortal”, Grupo Minerva Ediciones, 2020.

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