2021
Roerich

URGA. LA TIERRA DE UNGERN

Por Stanislav Khatuntsev
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

El Barón Blanco que le concedió la independencia a Mongolia

 … En la estepa montañosa de Mongolia, el viento sopla sin control de un lado al otro, dejando que sobre la superficie del suelo solamente crezca la hierba. El silbido y el aullido de los elementos provocan un horror al mismo tiempo arcaico y místico. Y en medio del aullido del viento podemos escuchar el relinchar a un caballo que rompe la monotonía de este brusco y salvaje paisaje. Más allá del horizonte, en la cima de una alta colina rocosa, por encima de la cual las nubes transitan de forma fantástica y rápida, aparece la figura de un jinete que usa una túnica dorada mongola. El caballo, como si fuera una enorme torre oscura, se agita y encabrita cortando la atmósfera con sus ojos enloquecidos. Su jinete lo doma con mano de hierro. Se trata del barón Ungern.

 Hace exactamente 100 años, ocurrieron una serie de hecho significativos que se encuentran asociados a su nombre.

El teniente general R.F. von Ungern-Sternberg es sin lugar a dudas un personaje legendario. Fue uno de los líderes del movimiento blanco de Transbaikalia, siendo el segundo al mando de este sistema que fue creado por el ataman Semyonov, a quien el almirante Kolchak, como gobernante supremo de Rusia, transfirió todos los poderes militares y civiles de los territorios que se encontraban en el “extremo Oriente de Rusia”.

Roman Fedorovich fue amigo de Semyonov durante la Primera Guerra Mundial y se conocía desde mucho antes. Ambos lucharon juntos. En el verano de 1917, Semyonov, que contaba con los poderes de Gobierno Provisional, volvió a su patria natal en la Transbaikalia. Llamó a Ungern a que fuera a su tierra y que se quedara con él en este lugar. Fue allí donde comenzaron a luchar juntos contra los bolcheviques. Cuando Semyonov tomó Chita en agosto de 1918, el barón de la División Asiática de Caballería establecería posteriormente su base de operaciones en Dauria, donde controlaría el tráfico del Ferrocarril del Este de China.

 Fue en este lugar donde este general blanco empezó a hacer planes que tenían proporciones verdaderamente planetarias: deseaba resucitar en todo el Viejo Mundo las monarquías que habían caído, restaurando las dinastías derrocadas de China (los Qing) y de Rusia (los Romanov). Khalkha, también conocida como la Mongolia Exterior, se convertiría en el primer paso para cumplir sus planes. En agosto de 1920, Ungern, junto con su ejército de “smachus” (cosacos), llegó a Mongolia a finales de octubre y asaltó su capital Urga.

 Desde el otoño de 1919, Khalkha fue ocupada por los “gamins”, soldados del ejército republicano de la China revolucionaria, los cuales robaban y oprimían a los mongoles, perpetrando toda clase de injusticias y violencia contra la población, ya que buscaban vengar el hecho de que unos años antes los mongoles se habían atrevido a liberarse del dominio de China. Urga fue la base y el cuartel general de estos invasores, que contaban con una fuerza militar bastante grande y bien equipada para los estándares locales. Las tropas de Ungern eran 10 a 12 veces inferiores en número a las tropas chinas, mientras que los hijos del Imperio Celestial contaban con un armamento significativamente inferior. Por lo que no resultó extrañó que los dos asaltos desesperados que emprendió el barón contra Urga no llegaran a ser exitosos.

 Finalmente, Ungern retiró sus tropas al otro lado del río Kerulen, que era el centro de resistencia en contra de los invasores chinos y donde surgió el imperio de Genghis Khan. Muchos mongoles, insatisfechos con el dominio chino de su país, acudieron allí desde todas partes.

 La División Asiática de Caballería recuperó rápidamente las tropas que había perdido, mientras que su jefe, que entendía perfectamente al enemigo, libraba una eficaz guerra psicológica en contra de la guarnición de los “gamins”. Después de un par de meses, los supersticiosos chinos, que se encontraban en un país muy diferente a su patria llena de arroz y seda, esperaban a que en cualquier momento les cayera el terrible castigo de los poderosos dioses que protegían al “Buda viviente”, al sumo sacerdote de Urga y gobernante de Mongolia, Bogdo-Gegen. Todas las noches miraban llenos de miedo las gigantescas hogueras que eran encendidas por la gente de Ungern en la cima de la montaña sagrada Bogdo-Khan-ul al sur de la ciudad. Los terribles rumores que difundían los agentes del barón iban arrebatándole a los “gamins” todas las esperanzas de victoria.

 Poco antes de que se produjera el nuevo asalto en contra de Urga, sucedió algo absolutamente increíble: en el patio de la casa del gobernador, Chen Yi, y a plena luz de un día de invierno, apareció el mismo Ungern. Resulta incomprensible el cómo logró abrirse paso en medio de la capital enemiga sin ser detectado; especialmente si tenemos en cuenta que estaba llena de tropas, repleta de patrullas y rodeada por toda clase de puestos armados. De regreso, el barón notó que un centinela chino dormía frente a la puerta de la prisión. Tal falta a la disciplina militar lo enfureció hasta en lo más profundo de su alma y el general blanco ​​despertó al negligente soldado a golpes, explicándole que era imposible dormir mientras hacía guardia, porque él, Ungern, lo iba a castigar con sus propias manos. Después de eso, el jefe de la División Asiática de Caballería salió tranquilamente de la ciudad y se dirigió a Bogdo-Khan-ul. Después del pánico que surgió debido a su fuga, los soldados fueron incapaces de organizar un escuadrón que fuera en su persecución. El incidente termino por ser considerado como un milagro: solo fuerzas sobrenaturales podrían haber ayudado al barón en su infiltración en el territorio de Urga y haberlo sacado de allí sano y salvo.

 Fueron estas mismas fuerzas sobrenaturales las que, en opinión de los soldados chinos, ayudaron a Ungern a secuestrar – a plena luz del día, frente a toda la ciudad (en el sentido literal de la palabra) y frente a las narices de todo un batallón de guardias – a Bogdo-Gegen, quien se encontraba bajo arresto domiciliario. Este evento desmoralizó incluso a los comandantes del cuerpo expedicionario chino: el general Guo Songling huyó de la capital a la cabeza de una unidad de guardias que eran los mejor preparados para el combate: era un cuerpo de 3 mil soldados de élite de caballería.

 La superioridad numérica de los chinos sobre la División Asiática de Caballería disminuyó, pero seguía siendo bastante amplia, pues era entre cinco y ocho veces mayor que el número de soldados de Ungern. Por el contrario, los soldados de Ungern poseían 5 o 6 veces más artillería y ametralladoras que los chinos.

 Esto no impidió que el barón continuara con una operación bien planeada y que llevaría al éxito a su cuerpo expedicionario. En la madrugada del 2 de febrero de 1921 se inició un asalto frontal ante el cual los chinos resistieron ferozmente. Al día siguiente, los combates cesaron, luego se reanudó el asalto y los “gamins” huyeron despavoridos. La capital de Mongolia Exterior fue liberada el 4 de febrero y Ungern consiguió enormes trofeos, entre ellos grandes cantidades de oro y plata que se encontraban en los almacenes de los bancos de Urga.

 Sin embargo, la guerra contra los chinos no había terminado y se sucedieron toda una serie de feroces batallas contra el cuerpo expedicionario de los gamins, que era todavía muchas veces superior en número a la División Asiática de Caballería. Pero finalmente fueron prácticamente destruidos. Pocos de ellos regresaron a China, y las tropas de Ungern nuevamente obtuvieron un gran botín de guerra, incluidos varios miles de prisioneros.

 El 22 de febrero de 1921 tuvo lugar una ceremonia solemne en Urga: Bogdo-Gegen VIII ascendió nuevamente al trono de Gran Khan de Mongolia. La monarquía fue restaurada una vez más y los mongoles concedieron a Ungern toda clase de honores y privilegios. Recibió el apodo de Tsagan (es decir, Blanco) Burkhan, o “Dios de la guerra”, siendo considerado como la encarnación de Mahakala-Idam, una deidad lamaísta de seis brazos que castigaba cruelmente a los enemigos de la “fe amarilla”. Desde ahora, el nombre del barón inspiraba a sus enemigos un miedo supersticioso. Bajo sus banderas se reunieron todos los representantes de más de una docena de pueblos de Asia y Europa: rusos, austriacos, franceses, baskires, chinos, japoneses, tibetanos, coreanos y manchúes. Incluso había… un negro que sirvió en la División Asiática de Caballería. Era una pequeña Internacional Blanca que, bajo la bandera de varias religiones tradicionales – cristianismo, budismo e Islam – se oponía a la Internacional Roja atea.

 A finales de mayo, Ungern lanzó su última campaña contra la Rusia soviética. Tenía la esperanza de provocar levantamientos anti-bolcheviques en el Altai y en la parte alta del Yenisei, en la provincia de Irkutsk, en Transbaikalia. Pero el pueblo no tenía deseos de enfrentarse al nuevo gobierno que había reemplazado un sistema depredador de apropiación del excedente por una serie de impuesto en especie relativamente soportable. La lucha en la región de Baikal resultó inútil y el barón acabo retirándose a Mongolia. Fue en el río Egiin-Gol, perseguido por los “rojos” y dividido en dos brigadas, que estalló un motín en la División Asiática de Caballería. Von Ungern-Sternberg perdió el control de sus tropas y fue arrestado por los oficiales de una división de Mongolia que esperaba que le fueran leales. La caballería asiática partió hacia el este, hacia Manchuria, y el 15 de septiembre el barón fue fusilado en la ciudad de Novonikolaevsk, que era la capital de la “Siberia roja”.

 La epopeya de Ungern en Urga y Mongolia tuvo un impacto significativo en la historia del Asia Interior. Si no hubiera sido por él, entonces Khalkha habría permanecido bajo el control del gobierno de Beijing. Las autoridades de la Rusia soviética no querían entrar en conflicto con su vecino del sur y si el barón no hubiera eliminado a los “gamins”, los bolcheviques no hubieran invadido la zona y Mongolia Exterior no habría abandonado la esfera de influencia china, que fue lo que le sucedió a Mongolia Interior, Ordos, etc. Por lo tanto, fue gracias a la guerra dirigida por Ungern que Mongolia escapó de la órbita de Beijing y entró en la órbita de Moscú.

Es interesante señalar que, por la misma razón (“La aventura de Ungern”), China finalmente perdió la región de Uryankhai, la futura Tuva, que en 1914 pasó de ser parte del Imperio Celeste a convertirse en un protectorado del Imperio Ruso, y en 1944 se volvió parte de la URSS. Como todos saben, fue en Tuva (en la ciudad de Chadan) donde nació el actual Ministro de Defensa de la Federación de Rusia, Sergei Shoigu.

 Por cierto, la actual República de China (la isla de Taiwan) todavía considera que esta zona autónoma turca, que hace parte de la Federación de Rusia, pertenece al territorio estatal de China.

 Agreguemos a esto que en la actual república de Mongolia muchos consideran al general blanco como casi un héroe nacional que libertó a su país de un poder extranjero. En noviembre de 2015 se inauguró solemnemente el Museo dedicado a Ungern cerca de Ulan Bator con la asistencia directa del Instituto de Historia y Arqueología de la Academia de Ciencias de este país.

Esto es, en muchos aspectos, un resultado paradójico de la vida del más fiel y convencido de los monárquicos del siglo XX.


Tomado de: https://centroevolianogranada.blogspot.com/2021/02/urga-la-tierra-de-ungern.html

 

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